Minería Antamina. La Compañía Minera Antamina obtuvo luz verde para operar hasta 2036 con su MEIA aprobada en 2024. Hace promesas verdes: energía 100 % renovable, bosques de 170 hectáreas, gestión de relaves concentrada. Sin embargo, en Huarmey y San Marcos, las comunidades viven una realidad distinta: denuncian arsénico en sangre, presunta afectación de manantiales, incumplimientos de acuerdos sociales. ¿Sirven esas promesas? ¿O maquillan fallas que ya causan daño?
1. Lo que dice Antamina
- Con la Modificación de Estudio de Impacto Ambiental (MEIA) aprobada en 2024, Antamina asegura ampliación de producción: entre 400 y 500 millones de toneladas adicionales de mineral.
- La extensión del proyecto incluye metas ambientales ambiciosas: usar energía renovable al 100 % hacia 2033, construir un bosque de 170 hectáreas irrigado con agua tratada, concentrar disposición de relaves.
- Además, sostiene alianzas con Sernanp y parque Huascarán para proteger biodiversidad y fortalecer la licencia social.
2. Las denuncias que no cesan
- En Huarmey, al menos 34 personas —entre niños y mujeres embarazadas— dieron positivo en estudios con niveles elevados de arsénico.
- Las muestras de suelo recogidas por Digesa en el puerto de Huarmey apuntan a superación de estándares ambientales en varios puntos.
- En San Marcos (Huari), comunidades campesinas protestan por incumplimientos: obras prometidas en salud y educación, daños territoriales, percepción de contaminación, disputas por propiedad ancestral, cortes de vías, quema de maquinaria.

3. Balance socioeconómico: ¿a quién beneficia realmente?
- Antamina afirma que su aporte ha sacado de la pobreza a decenas de miles en Áncash entre 2007 y 2017, con mejoras en servicios básicos, salud, educación, y características de dinamización económica comunal. (Se incluye en los anuncios oficiales)
- Pero muchas voces locales cuestionan la equidad:
- ¿Por qué los programas productivos no siempre tienen sostenibilidad?
- ¿Por qué la contaminación —real o percibida— no se aborda con transparencia?
- ¿Qué garantías hay de que la fiscalización independiente funcione de ver.
Para tener presente.
Termina el 2036, se ve lejos, pero los daños al agua, al suelo, al tejido social ya ocurren. Antamina puede proyectar un futuro estable para la minería del cobre y zinc, puede fijar metas verdes que inspiran. Pero ante la urgencia de las comunidades, esos sueños verdes se vuelven promesas vacías si no se traducen en evidencias tangibles: agua limpia, salud protegida, cumplimiento de acuerdos, justicia en los impactos sociales.
El verdadero legado no será cuánto mineral extraiga Antamina, sino cómo transforme su licencia social en compromiso real. Si las comunidades de Huarmey o San Marcos siguen recogiendo arsénico en su cuerpo, el discurso ambiental se vuelve moralidad hueca. El deber de vigilancia, tanto estatal como ciudadano, debe intensificarse. Solo así podrá la extrema promesa de “armonía” entre minería y vida convertirse en algo más que palabras.

















































