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Opinión

Otra forma de entender a Pedro Castillo (No es ningún despistado…)

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Foto: PCM

El hecho que Pedro Castillo desde su rol de candidato hasta el actual de presidente no tenga la fluidez y riqueza verbal que muchos pobladores urbanos costeños suelen escuchar de parte de conferencistas académicos, expositores de TED o comentaristas solventes de radio y televisión, ha llevado a muchos a asociar eso con tener limitaciones en su inteligencia y capacidades políticas. Los diversos memes burlones que circulan cada vez que dice algo que “suena mal” o que lo califican de ignorante, ingenuo, torpe, manipulable, etc. van en esa dirección. No es casualidad que en la población “más parecida a él” tenga más alto nivel de aprobación que en el subgrupo complementario de peruanos, lo que evidencia además el bajo nivel de inclusión e interculturalidad que ha alcanzado el Perú.

Sin embargo, creo que tener instalada esa imagen mental descalificadora lo único que producirá en muchos peruanos es una continua irritación, incertidumbre y queja respecto a todo lo que haga el presidente y las autoridades en este quinquenio, dificultando entender la concepción de gobierno que Castillo tiene en mente y las estrategias que va construyendo en el camino. Se acaba de ver nuevamente con el nombramiento del ministro del interior Avelino Guillén. Pedro Castillo sabía que eso irritaría a Fuerza Popular de Keiko Fujimori y que ello echaría combustible a la polarización fujimorismo-antifujimorismo (aceitada con la amenaza de cambio de cárcel para Alberto Fujimori). Además, mantendría desarticulada a la oposición.

Creo que es evidente que muchos de los nombramientos ministeriales de Pedro Castillo tienen por objetivo devolver favores de campaña y también irritar a la oposición, creando piñatas que absorban el cargamontón opositor. Mientras, silenciosamente aprende a gobernar y de paso les devuelve a los medios, -con una actitud pasivo agresiva premeditada-, un hostil silencio como castigo a su obsesión por crear titulares y contenidos noticiosos a partir de cualquiera de sus deslices o torpezas verbales. Al estilo de Trump, comunica lo que quiere por Twitter -asesorado por un corrector de lenguaje-, incluyendo las traducciones “políticamente correctas” (y tranquilizadoras para los inversionistas) de lo que “dijo incorrectamente” en aquellas ocasiones en que tomó el micrófono para hablar espontáneamente a la población.

Por todo eso me pregunto si la imagen mental de “incompetente” refleja su verdadera capacidad como analista, negociador, operador político y líder.

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Revisemos algo de su biografía. Según Wikipedia Pedro Castillo se ha titulado como docente en ISP Octavio Matta Contreras de Cutervo y luego bachiller en educación y magíster en Psicología Educativa en la Universidad César Vallejo. Entró a la política formal en Chota a través de Perú Posible, siendo miembro de su comité de Cajamarca entre el 2005 y el 2017, donde debe haber aprendido las ventajas de usar políticamente la imagen de “un peruano como tú” y el uso de “traductores” de lo que quiso decir.

Presidió el Comité de Lucha de las bases regionales del SUTEP al que luego enfrentó creando la Federación Nacional de Trabajadores en la Educación del Perú (FENATEP), por considerar que el sindicato único magisterial se había vuelto un dominio de Patria Roja, condescendiente con los gobiernos de turno, sectario y tendencioso administrador de la Derrama Magisterial.

Organizó y lideró la extensa huelga magisterial del 15 de junio al 2 de setiembre del 2017 (posiblemente la  más prolongada de la historia peruana) que fue acatada por 238 mil maestros (63.4% del total) con la que logró movilizar las simpatías de un sector del Congreso y poner en jaque al Gobierno de PPK, que se vio obligado a negociar con él las condiciones para la suspensión de la huelga, publicando el 24 de agosto -inusualmente, en plena huelga aún- un Decreto Supremo oficializando los beneficios acordados en las negociaciones.

Con esos antecedentes y su enorme potencial de liderazgo político fue tentado por diversos partidos políticos para ser candidato al Congreso, pero Pedro Castillo prefirió postularse para presidente a través del partido Perú Libre liderado por Vladimir Cerrón.

Para sorpresa de todos, su candidatura basada en un discurso extremista y polarizante que conoce hasta la saciedad prendió en la primera vuelta convirtiéndose en el “outsider” de turno. Luego, en la segunda vuelta, se convirtió en la única opción frente al fujimorismo y la derecha. Para ello bastó su perfil de socialista, populista, provinciano, andino, conservador en lo familiar, especialmente en un contexto de mucha inseguridad por la epidemia, el frenazo de la economía y el enorme desempleo. Consiguió el respaldo espontáneo para alcanzar los votos necesarios para ganar, incluida la ayuda del JNE y los personeros bien entrenados.

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Estos contextos siempre son propicios para posturas caudillistas populistas extremas y la aparición de outsiders que a veces son de derecha y otras de izquierda, que captan adherentes sin que presten mucha atención a la viabilidad y calidad democrática de las propuestas, sino más bien a la emocional ilusión de progreso que nacen de la desesperanza (como ocurre en toda América Latina).

En su corto período de gobierno ha logrado entretener al congreso con nombramientos ministeriales explosivos para poner a prueba los límites a los que puede llegar el congreso, dividir a los partidos representados en él -incluyendo el suyo-, y con ello ver realmente con qué aliados cuenta y con quiénes vale la pena negociar para lograr mayorías. Eso le asegura no tener problemas con la vacancia y saber con quiénes funciona el “canje” de votos por favores o puestos. Ha aprendido a manejar un doble discurso que sea popular en la plaza pública y corregido luego para el consumo de sus “aliados” en el congreso. Ha derivado al congreso la concesión de sus promesas electorales como la del cambio de Constitución y ha logrado hacer aceptables los planteamientos de la izquierda tradicional y a muchos de sus voceros anteriormente rechazados como Pedro Francke, Verónica Mendoza y la propia PM Mirtha Vásquez, que ahora son vistos como salvadores o estabilizadores del gobierno. Ha logrado que la oposición los prefiera a ellos, con tal de que no asuman las posturas radicales marxistas cerronistas que a Castillo le conviene que sigan vivas, porque hacen las veces del “cuco” que inspira temor, haciendo más aceptables las posturas de la izquierda menos radical.

Tengo la impresión que si los analistas y políticos empezaran a entenderlo y su juego de ajedrez político desde su personalidad real, inteligencia política, antecedentes, acciones y logros, estarían en mejores condiciones para entender sus movidas. Con ello, estarían mejor preparados para intentar articular una estrategia de confrontación y contención de aquello que consideran inaceptable, a la par que forjan liderazgos multiraciales capaces de hacerle frente al previsible populismo presidencial, tanto en lo inmediato como con miras a las elecciones del 2022 y 2026.

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Líder pedagógico y co-promotor del "Colegio Áleph" de Villa-Chorrillos y consultor continuo del concurso “El Maestro que deja Huella” (Interbank).

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