Escrito por: JUAN MANUEL ROBLES
En el país que sufre por extorsionadores que hieren y matan a choferes, bodegueros, dueños de colegios, emprendedores, el lenguaje con el que Keiko Fujimori quiere convencerte de su voto es el de la extorsión. Si no votas por mí, no habrá estabilidad ni calma, habrá fuga de capitales y locura bursátil. Si sale el otro candidato, el comunista con sombrero, no va a durar mucho tiempo. Claro, no lo dice directamente, ni siquiera lo hace ella misma. Manda al chupe que le llevaba papel higiénico cuando era presidiaria. Miki Torres declara que no es buena idea votar por Sánchez porque, si entra, no es que sea fácil vacarlo. “Sacar al señor Castillo no fue sencillo. Los periodistas lo hicieron, el Congreso también lo hizo, el Ministerio Público… Fue verdaderamente una suma de esfuerzos para que ese señor se vaya”. Keiko es clara en su mensaje: ¿para qué complicarte? No hagas tonterías, elígeme y vas a vivir en un país sin vacancia por cinco años completitos, pues tendré el poder total. Como papá.
Keiko te hace una oferta que no puedes rechazar: acabar con el caos que ella misma sembró. Te da a entender que tiene el poder para hacerlo, e inmediatamente te preguntas por qué diablos creó el despelote en primer lugar. Me recuerda a su padre en la campaña del 2000, cuando su autoritarismo ya no podía pasar piola —el Perú estaba en la mira de Amnistía Internacional y la ONU— y colocó en la plancha presidencial a Francisco Tudela, quien prometía “fortalecer las instituciones democráticas”. Ustedes no se acuerdan, pero en ese tiempo Tudela era un hombre respetable, un diplomático brillante —solo se entendía su participación en la etapa más decadente del fujimorismo por la deuda de vida que le tenía al presidente por el rescate de la residencia de Japón—. Fujimori prometió más democracia después de ser él mismo quien, a través de su bancada, sacó la mañosa Ley de Interpretación Auténtica para reelegirse (en el camino, logró la destitución de los miembros del Tribunal Constitucional que querían detener la norma, tomando el control del órgano supremo). A Delia Revoredo, una de las magistradas, la hostigó Montesinos con carpetas fiscales. Amenazaron a su familia. Tuvo que pedir asilo. La Ley de Interpretación Auténtica fue creación de Carlos Torres y Torres Lara, el papá de Miki.
Todo extorsionador te ofrece “protección” contra algo de lo que, antes de su llegada, no necesitabas protegerte. Como el señorito que te suelta la cifra obligatoria para garantizar tu seguridad, cuando, si te fijas, él es la inseguridad. Miles de peruanos conocen perfectamente cuál es el truco de este trato: que al final pagar el cupo no parezca mala idea si tu calle estará tranquila, limpia de manchas de sangre.
MANDA AL CHUPE QUE LE LLEVABA PAPEL HIGIÉNICO CUANDO ERA PRESIDIARIA

(Pie de foto) Steven Levitsky: «Los fujimoristas son criminales experimentados».
Cuando Keiko habla del caos versus el orden, se refiere a algo parecido. “El caos que solo yo podría causar” versus “el orden que solo yo puedo traer”. El orden se implementa con mano dura y te conviene, siempre y cuando no te pongas en el camino, andes con cuidado y no acudas a la pollada equivocada.
Es una presión psicológica silenciosa que no hay que menospreciar. Los fujimoristas no son los genios de la administración que nos quieren hacer creer, pero, al igual que los extorsionadores, son grandes gestores del miedo.
Quienes conocen o han estudiado a la estirpe Fujimori no necesitan ser de izquierda para decirnos que la amenaza es real; no necesitan ser rojos ni progresistas, ni haberse puesto el prendedor de No a Keiko, para decir: voten por Sánchez. Lo acaba de pedir Steven Levitsky, profesor de Harvard, el académico que más conoce sobre los mecanismos del autoritarismo en América Latina, un hombre nada rojo ni chavista —al contrario, bastante conservador— que en 2011 hasta le dio el beneficio de la duda a Keiko y la invitó a Harvard, pero que hoy es categórico: “Si Keiko gana, tendrá mucho más poder que Sánchez para seguir construyendo un estado mafioso y autoritario. Los fujimoristas son criminales experimentados con amigos poderosos en las Fuerzas Armadas, el Poder Judicial, el sector privado. Solo el voto por Sánchez ayuda a derrotarlos”.
A mí eso me dio la sensación de un grito desesperado para salvarnos mientras podamos.
En el caso de Keiko, el lenguaje de la amenaza hace juego con su enorme poder, que a estas alturas nadie podría discutir. Sin ganar ninguna elección, sin haber trabajado nunca, sin haber ascendido ni siquiera en su propia organización política, Keiko es la mujer más poderosa del Perú. Si algo interfiere en sus planes, no le importa “que se perjudiquen diez mil o cien mil”. Algo de temperamental hay en ella. Esto es así incluso cuando se trata de obstruir el indulto para su anciano padre (hoy fallecido) por cálculo político. Su ímpetu siempre será el de la joven que pisó las plantitas de una maceta para poder estar más arriba.
Yo no voy a aceptar el argumento de: mira todo lo que pasa por no darle la presidencia, mejor que gane de una vez, quién sabe cómo se tomará una cuarta derrota. Porque eso es precisamente ceder a la extorsión. ¿Orden o caos? ¿Plata o plomo? Y un gobierno nacido de esa presión matona no acabará con el crimen. Lo volverá más grande que nunca. Podrán calmarse un tiempo las calles, con acuerdos clandestinos, pero luego estallará la gorda con armas largas.
Esa es nuestra realidad de país condenado a soportar a Keiko, una líder dispuesta a solucionar problemas que ella misma causó, “si cooperas”. Me entero de que el país ha perdido su disciplina fiscal porque el Congreso ha tomado medidas para gastar plata irresponsablemente. Lo ha hecho la mayoría fujimorista y está elevando el déficit. Keiko sale a ofrecernos algo: buscará revertir el parecer del Tribunal Constitucional para que el parlamento ya no tenga iniciativa de gasto. Y yo no sé si es más espeluznante el cinismo (que Keiko finja que no fue justamente su partido el que creó esta situación), o la naturalidad hechicera con la que la candidata dice que hará que el Tribunal Constitucional cambie de parecer. En todo caso, nos habla como ese señor que aparece en el Whatsapp a decirte que tiene la solución para tus problemas. (Los problemas que él te causa con su irrupción). ■
Nota de la Redacción: Por su relevancia para la opinión pública y el debate nacional, reproducimos íntegramente el siguiente artículo publicado originalmente por HILDEBRANDT EN SUS TRECE | Pag.15 29-05-2026. Todos los créditos corresponden a la fuente original y a su autor.






































































