Descontrol y muerte en la minería artesanal de Pampas.
Una nueva tragedia minera enluta nuevamente a la provincia de Pallasca. Dos mineros artesanales perdieron la vida la noche del sábado en el sector de Pushaquilca, distrito de Pampas, al inhalar gases tóxicos provenientes de antiguos socavones que debieron permanecer clausurados. Según las primeras investigaciones, ambos habrían ingresado a una zona que desprende emisiones contaminantes de alto riesgo. Las víctimas fueron identificadas como Moisés Pantoja, natural del caserío Cruzpampa, y Federico Estrada, del centro poblado Santa Ana, distrito de Conchucos.
Falta de control y silencio institucional
Vecinos del lugar alertaron que las autoridades locales y competentes recién conocieron el hecho a través de reportes ciudadanos, lo que generó indignación. Este silencio refuerza las sospechas sobre la falta de fiscalización y control en la actividad minera artesanal que prolifera en la zona. En Pushaquilca, las labores extractivas continúan sin supervisión efectiva, pese a los constantes llamados de la población.
Un problema que se repite
No es la primera vez que ocurre una tragedia de este tipo. Meses atrás, dos pobladores de las riberas del Marañón también perdieron la vida en circunstancias similares, lo que revela un patrón de informalidad, desprotección laboral y alto riesgo para quienes trabajan en minas sin condiciones seguras.
Piden justicia y acción inmediata
Tras la muerte de Pantoja y Estrada, los vecinos de Pampas exigieron a la Fiscalía Provincial Mixta de Conchucos intervenir de inmediato y abrir una investigación que determine las causas del accidente y las posibles responsabilidades por permitir la explotación minera sin control. Las familias de los fallecidos reclamaron justicia y medidas firmes que impidan nuevas pérdidas humanas en la provincia.
La tragedia minera en Pallasca deja una vez más al descubierto la cruda realidad de la minería informal, que sigue cobrando vidas en silencio, mientras la ausencia del Estado se hace cada vez más evidente en los cerros de Áncash.














































