Desde muy temprano, Lima vivió un lunes de tensión. Miles de pasajeros quedaron varados en paraderos y estaciones del Metro, luego de que varios gremios del transporte urbano acataron el paro de transportistas convocado para este 6 de octubre. Ellos protestan contra la crisis de inseguridad que afecta a su gremio y la reestructuración del MTC, otros optaron por mantener sus unidades en circulación.
Las calles del centro y los conos se convirtieron en escenas de desorden. Cientos de trabajadores caminaron largas distancias para llegar a sus centros laborales. La Policía desplegó buses para trasladar gratuitamente a los ciudadanos, en un intento por mitigar el impacto de la protesta. Sin embargo, la medida resultó insuficiente frente a la magnitud del paro.
En Lima Norte, se ha reportado el bloqueo de las avenidas Universitaria y Túpac Amaru en diversos puntos, como el patio de maniobras de la empresa Nueva América.
Los gremios denunciaron abandono estatal y reclamaron la falta de diálogo con el Ejecutivo. “Ya no podemos sostener el servicio con amenazas de muerte”, advirtieron representantes del transporte urbano. En contraste, la ATU recordó que las concesiones deben respetarse y rechazó los bloqueos o amenazas a los conductores que decidieron seguir trabajando.
El paro evidenció, una vez más, la fragilidad del sistema de transporte limeño y la ausencia de una política integral que priorice al ciudadano. Entre el ruido de los cláxones y la frustración colectiva, el mensaje quedó claro: Lima necesita un transporte digno, sostenible y con reglas claras, pero con seguridad, que no dependan del caos ni de la presión en las calles.













































