La inundación en Huarmey marcó uno de los episodios más devastadores en la historia reciente de Áncash. El fenómeno ocurrió este 17 marzo, tras intensas lluvias en la sierra que provocaron el desborde del río Huarmey durante el evento de El Niño costero. El agua cubrió más del 80 % de la ciudad, dejó 14.835 damnificados, seis muertos y graves daños en viviendas, colegios, centros de salud y carreteras, según reportó el Instituto Nacional de Defensa Civil (Indeci).
Impacto humano y cifras oficiales
La inundación en Huarmey dejó 6.682 personas afectadas, 74 heridos y seis fallecidos. Además, más de 1.000 viviendas sufrieron daños estructurales; varias colapsaron y otras quedaron inhabitables.
Doce instituciones educativas resultaron afectadas. Once quedaron inhabitables y tres colapsaron por completo. Tres establecimientos de salud también sufrieron inundaciones y dos cerraron por daños severos.
Cinco huaicos golpearon la provincia de Áncash en pocos días. La red de agua potable, alcantarillado, energía eléctrica y telefonía colapsó. La ciudad permaneció incomunicada durante varios días.
Colapso urbano y crisis social
La destrucción generó una crisis social inmediata. Muchos vecinos perdieron viviendas y medios de subsistencia. Los terrenos agrícolas quedaron bajo el lodo y las carreteras sufrieron cortes prolongados.
Ante la falta de abastecimiento, se registraron saqueos en mercados y tiendas. El Gobierno dispuso la intervención de las Fuerzas Armadas y reforzó la presencia policial para restablecer el orden.

Respuesta tardía y proceso de recuperación
La ayuda humanitaria llegó cuatro días después del desastre. Cientos de pobladores hicieron largas filas para recibir agua y alimentos. La Marina y el Ejército ejecutaron rescates en el valle de Huarmey, donde varias familias permanecían aisladas.
Una semana después, las autoridades instalaron carpas médicas en la losa deportiva del colegio Inca Garcilaso. La comisaría trasladó sus operaciones a un aula del mismo plantel.
La inundación en Huarmey evidenció la vulnerabilidad urbana frente a eventos climáticos extremos. La reconstrucción exige planificación territorial, inversión en infraestructura hidráulica y sistemas de alerta temprana. La prevención no admite postergaciones.

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