Deportado Sánchez Sánchez podría revelar secretos del gobierno de Castillo.
Poco después de las dos de la tarde de ayer, un vuelo chárter procedente de Estados Unidos aterrizó en el Grupo Aéreo 8, en Lima. Entre los 150 deportados, solo uno acaparó la atención: Alejandro Sánchez Sánchez, propietario de la famosa casa del pasaje Sarratea en Breña, símbolo del poder informal durante el gobierno de Pedro Castillo. Su llegada marca un hito en la lucha contra la corrupción y la impunidad que rodeó al régimen anterior.
Quién es y por qué vuelve
Sánchez enfrenta una orden de prisión preventiva de 30 meses, dictada en 2022 y ratificada en 2023. Permaneció prófugo más de un año y medio, hasta que fue detenido en Texas, tras intentar ingresar irregularmente a Estados Unidos por la frontera con México. Desde entonces buscó evitar su deportación, pero finalmente fue enviado de regreso al Perú para responder ante la justicia.
El poder detrás de la puerta de Sarratea
La casa de Breña, de propiedad de Sánchez, se convirtió en un centro de reuniones secretas durante la gestión de Castillo. Ministros, congresistas y empresarios acudían para coordinar decisiones lejos del Palacio de Gobierno. Según la Fiscalía, Sánchez formó parte del núcleo duro que acompañó a Castillo desde la campaña electoral, junto con Nenil Medina, Abel Cabrera y Juan Silva Villegas.
Un colaborador eficaz reveló que Sánchez aportó más de medio millón de soles a la campaña de segunda vuelta de 2021. Además, hospedó y mantuvo a la familia de Castillo en Lima, ganando influencia en el reparto de cargos públicos al inicio del gobierno.
Red de favores y obras millonarias
Con su red política, Sánchez habría influido en los nombramientos de Geiner Alvarado como ministro de Vivienda y Salatiel Marrufo como jefe de asesores. Desde allí, impulsaron el Decreto de Urgencia 102, que financió obras en distintas regiones a cambio de comisiones ilegales. La Fiscalía sostiene que Sánchez contactaba alcaldes y les ofrecía incluir sus proyectos en ese decreto a cambio de beneficios personales.
El desafío pendiente contra la impunidad
El regreso de Alejandro Sánchez Sánchez representa una oportunidad clave para desentrañar el circuito de corrupción que operó durante el gobierno de Castillo. Sin embargo, el rompecabezas continúa incompleto. Juan Silva sigue prófugo, mientras Vladimir Cerrón evade la justicia sin mayores consecuencias.
El país espera que las autoridades actúen con la misma firmeza que permitió traer de vuelta a Sánchez. Su testimonio podría abrir las puertas para conocer la verdad completa sobre el caso Sarratea, una trama que aún mantiene bajo sospecha a la clase política.










































