La promesa de convertir a la provincia ancashina de Pallasca en la primera zona del país con «cero oscuridad» terminó convertida en una burla para sus pobladores. A pesar de los anuncios pomposos de la gestión regional de Áncash, los caseríos y centros poblados de la sierra de Pallasca continúan esperando la electrificación rural prometida desde hace años. Mientras las autoridades se llenaron la boca ofreciendo luz continua para el desarrollo productivo y la seguridad de las familias, miles de campesinos siguen dependiendo de mecheros, velas y generadores costosos para pasar la noche.
El fracaso del plan de electrificación rural en Pallasca
El famoso plan de electrificación rural en Pallasca no nació como un favor social, sino como una obligación estatal de infraestructura básica. El Gobierno Regional de Áncash a cargo de César Álvarez Aguilar, presentó el proyecto como una obra emblemática que erradicaría las sombras en los once distritos pallasquinos. Sin embargo, los retrasos administrativos, la falta de presupuesto real y la desidia política estancaron los trabajos en los tramos hacia las riberas del Marañón y los caseríos más lejanos.
Lo que debió ser un proyecto transformador para la economía local quedó atrapado entre expedientes mal formulados y promesas de campaña. La falta de energía eléctrica frena de golpe la educación de los niños, paraliza la pequeña industria agrícola y condena a los pueblos a vivir desconectados del desarrollo digital y tecnológico del resto del país.

¿Quién responde por los pueblos a oscuras?
El incumplimiento de la electrificación rural en Pallasca expone el abandono histórico que sufren las provincias alejadas de la sede regional en Huaraz. Pobladores y dirigentes comunales han denunciado en reiteradas ocasiones que los postes instalados en varios sectores lucen abandonados como mudos testigos del descuido estatal, sin cables ni conexiones operativas que lleven energía a sus viviendas.
El presupuesto público existió y las promesas sobraron, pero la luz nunca llegó a los hogares comprometidos. Esta inoperancia no solo evidencia incapacidad técnica para ejecutar obras de envergadura, sino también una falta de respeto constante hacia la población rural, que paga las consecuencias de la incompetencia política.
La luz no puede ser un lujo en la sierra de Áncash
El acceso a la energía no es un favor gubernamental ni un eslogan publicitario para ganar votos en elecciones. La electrificación rural en Pallasca representa un derecho fundamental para garantizar salud, educación digna y oportunidades económicas mínimas en la sierra de Áncash. Si las autoridades regionales persisten en postergar los compromisos asumidos con los pallasquinos, la «cero oscuridad» seguirá siendo el símbolo perfecto de la demagogia y el atraso institucional.








