La justicia peruana actuó con mano dura. La Segunda Sala Penal de Apelaciones de la Corte Superior del Santa ratificó y dictó la máxima sanción de cadena perpetua para los responsables de la fiesta de terror en Chimbote, una red criminal que captaba jóvenes por redes sociales, los dopaba con clonazepam, abusaba de ellos para vender los videos en internet y causó la muerte del estudiante universitario Andrés Rodríguez Cruz (19) el pasado 22 de marzo en Chimbote, Áncash.
La trampa digital detrás de las agresiones en fiesta de terror en Chimbote
El negocio de este grupo no se limitaba a la violencia; buscaban lucrar con el dolor ajeno. Maicol Deyvi Liñán Arroyo (29), cabecilla de la red, alquilaba los inmuebles para los encuentros. Sus cómplices contactaban a las víctimas en plataformas digitales y se ganaban su confianza para llevarlos a falsas reuniones privadas.
Una vez dentro de la vivienda, los agresores vertían potentes dosis de clonazepam en los vasos de los invitados. Cuando caían en estado de inconsciencia, abusaban sexualmente de ellos, registraban los ataques en video y subían el material a una página web para comercializarlo.
Castigo implacable tras una tragedia en Áncash
La ambición delictiva cruzó el límite cuando el exceso de sustancias provocó un paro cardiorrespiratorio a Rodríguez Cruz. Los atacantes abandonaron su cuerpo sin vida en un descampado junto a otra de las víctimas.
Tras evaluar los recursos presentados, el tribunal ratificó la pena máxima por este caso de fiesta de terror en Chimbote contra Liñán Arroyo, Luis Azañero Silva (19), Cristofher Herrera Arroyo (19) y Josselyn Quezada Gordillo (19). Asimismo, la Sala elevó la condena de Néstor Camacho Amiquero de 32 años a prisión perpetua.

Reclasificación de delitos y captura de prófugo
El fallo judicial dio un giro determinante al revisar la situación legal de Juan Segura Arroyo. En la sentencia de primera instancia, Segura solo enfrentaba cinco años de cárcel por encubrimiento y omisión de auxilio.
Sin embargo, los magistrados determinaron que participó como coautor directo de violación sexual agravada contra el estudiante fallecido. Por esta razón, el tribunal le impuso la misma pena severa ligada a la fiesta de terror en Chimbote y ordenó su inmediata ubicación y captura a nivel nacional.
Esta sentencia sienta un precedente indispensable frente a las mafias que usan falsos eventos sociales para captar jóvenes en internet. La impunidad no tuvo cabida en los tribunales, pero el caso deja una marca trágica en la comunidad de Chimbote y enciende todas las alarmas sobre los peligros que acechan en el entorno digital.








