Piden a gobernador Henry Borja, cumpla promesa.
Desde primeras horas de la mañana, más de un centenar de moradores de las riberas del Marañón llegaron al distrito de Pampas, Pallasca para marchar con fuerza y exigencia: quieren electrificación ahora. Estas comunidades llevan décadas reclamando un derecho básico que persiste como promesa incumplida.
Los pueblos de Consuzo, Paragón, Pelagatos, Pushas, Jarrococha, Jongos, Nauchavana, Pachachaca, Casga, Alto Mongón, El Porvenir, Rayanpampa, Mongón, Palo Derecho, Mollebambita, Quichuas, Chinchango, El Escalón, Sauce Viejo, Sauce Nuevo, Uchupampa, Shañuque, La Rinconada y San Nicolás alzaron su voz colectiva. Acusaron a autoridades locales y regionales de ignorar sus reclamos pese a años de campañas electorales plagadas de promesas.
“Olvidados”: reclaman electrificación en Pampas
En su paso por las calles de Pampas instalaron un plantón frente al municipio, esperando que el alcalde Alcivíades Bermúdez Rosales salga a recibirlos. Él no apareció. Los manifestantes recordaron que en 2013, durante el gobierno regional de César Álvarez Aguilar y Martín Espinal Reyes como consejero por Pallasca, se lanzó el plan «Oscuridad Cero» para llevar luz a esas zonas, pero nunca se cumplió. También mencionaron que en 2021 el gobernador de Áncash (e) Henry Borja Cruzado, prometió la obra durante una celebración regional, sin resultados.
Un poblador, visiblemente agotado, denunció: “Ya no llamamos riberas del Marañón, aquí vivimos en las riberas del olvido. ¿Dónde están las obras?” Afirmó que muchas promesas cayeron en el vacío. Además, reveló que en plena pandemia muchos niños quedaron sin clases por falta de internet, agravando la crisis educativa.
La movilización exige responsabilidad. Los pobladores demandan que las autoridades dejen de usar la electrificación como discurso electoral y actúen con hechos concretos. Reclaman un cronograma claro, financiamiento garantizado y seguimiento transparente.
Electrificación de las riberas Marañón requiere atención urgente.
Este reclamo no solo alude al acceso a la luz eléctrica, sino al reconocimiento de comunidades que históricamente han quedado rezagadas en el desarrollo regional. En un territorio encerrado por la geografía y marcado por la pobreza, la falta de este servicio básico exacerba desigualdades.
Este reclamo viaja más allá de Pampas: representa el clamor de poblaciones rurales en el Perú que viven con promesas rotas. Si la voz colectiva de estas riberas logra romper el silencio de la indiferencia, podrá iluminar no solo hogares, sino comprometer verdaderamente a autoridades con resultados reales.
La marcha de hoy no es solo por cables ni postes: es la manifestación de un derecho durante décadas negado. Si el Estado, mediante el Gobierno Regional de Áncash, persiste en la indiferencia, seguirá condenando a estas comunidades a vivir sin luz. Pero esta movilización deja claro que las sombras también tienen voz: y están dispuestas a pelear por la electricidad que les prometieron.















































