En el kilómetro 350 de la Panamericana Norte, en el distrito de Comandante Noel, el desierto cobra vida. Entre septiembre y noviembre, las Lomas de Mongón en Casma rompen la aridez de la costa peruana para transformarse en un manto deslumbrante de vegetación. Este fenómeno natural ocurre gracias a las densas neblinas que llegan impulsadas desde el océano Pacífico.
El milagro de las Lomas de Mongón en Casma frente al mar
Este ecosistema costero en Casma abarca cerca de 300 hectáreas y alcanza una altitud de 1,144 metros sobre el nivel del mar. Esto convierte a las lomas casmeñas en una de las formaciones costeras más altas de todo el país. Mientras la mayor parte del año el polvo domina el paisaje, la humedad primaveral desata un florecimiento masivo.
Especies como la tara (o taya) y decenas de plantas silvestres aprovechan el agua atrapada de las garúas en este refugio natural de Casma. Así, el territorio pasa de un gris sepulcral a un verdor intenso en cuestión de semanas.

Valor histórico de las Lomas de Mongón en Casma y las culturas ancestrales
El atractivo de las lomas no es una novedad de las redes sociales. Culturas prehispánicas como los Moche y los Chimú ya caminaban estos cerros hace siglos. Ellos usaban los pastizales estacionales del valle casmeño para el pastoreo y la recolección de alimentos.
Sin embargo, el verdadero problema de este circuito ecológico de Casma radica en la falta de protección efectiva. A pesar de su enorme valor histórico y ecológico, el ecosistema de lomas en Áncash enfrenta la presión de la expansión urbana descontrolada y la acumulación de basura.

¿Por qué urge proteger este oasis en Casma?
Visitar las Lomas de Mongón en Casma durante su pico de verdor es una experiencia única, pero el turismo sin regulación amenaza con destruir su frágil biodiversidad. No basta con admirar la vegetación temporal; las autoridades locales y la comunidad ancashina deben articular medidas concretas de conservación antes de que la presión humana extinga este patrimonio ambiental.








