El Penal Cambio Puente de Chimbote atraviesa una situación crítica que pone en riesgo a toda la ciudad. Diseñado para 500 internos, hoy alberga a más de 3.000 presos repartidos en 10 pabellones, según reveló un informe de la Contraloría General de la República tras una inspección realizada del 14 al 18 de septiembre de 2026. La evaluación constató un hacinamiento del 600%, sumado a la falta de personal, cámaras sin monitoreo en tiempo real y fallas graves en los controles de acceso.
Torreones abandonados y fallas en el Penal Cambio Puente de Chimbote
La seguridad perimétrica en el Penal Cambio Puente de Chimbote muestra grietas peligrosas. Durante la revisión, tres de los siete torreones permanecieron vacíos por falta de custodios en turnos de 24 horas. Además, las mallas y barreras físicas lucen deterioradas por la falta de mantenimiento.
El sistema de comunicación «Busca personas» no funciona en cuatro torreones, lo que deja al personal desprotegido durante la noche. Esta falta de equipamiento reduce la capacidad de respuesta frente a cualquier intento de fuga o amotinamiento en el recinto.
Sin videovigilancia activa ni control de llamadas en el Penal Cambio Puente de Chimbote
El informe técnico de la Contraloría alertó que el centro penitenciario de Chimbote carece de una sala de control de videovigilancia y de personal operador. Sin un monitoreo preventivo en tiempo real, las cámaras instaladas son adornos inútiles que no registran los incidentes según lo exige la ley.
A esto se suma la falta de fiscalización a la empresa privada encargada del bloqueo de señal celular en el Penal Cambio Puente de Chimbote. La dirección del penal no presentó reportes de incidencias ni pruebas que demuestren que los inhibidores funcionan. En la práctica, nadie garantiza que las llamadas extorsivas desde el interior del establecimiento estén bloqueadas.

Revisione manuales y armería en mal estado en el Penal Cambio Puente de Chimbote
El ingreso de personas y paquetes al recinto se realiza de forma manual porque los equipos de inspección no existen o están malogrados. Esta vulnerabilidad incrementa el riesgo de ingreso de artículos prohibidos. Además, los propios agentes de seguridad del centro penitenciario de Chimbote deben comprar sus equipos de trabajo, ya que los suministrados por el Estado están vencidos o inoperativos.
La situación dentro de la armería es igual de alarmante: las armas almacenadas presentan óxido, las municiones están deterioradas y el ambiente no cumple con las condiciones mínimas de resguardo reglamentario.
Una bomba de tiempo sin respuesta institucional
El Penal Cambio Puente de Chimbote se ha convertido en el reflejo del colapso penitenciario del país. Un penal saturado a seis veces su capacidad, donde los custodios trabajan desarmados o con equipos vencidos y los sistemas tecnológicos no funcionan, no rehabilita a nadie ni protege a la ciudadanía. Las alertas de la Contraloría están sobre la mesa; dejar que la burocracia ignore estos hallazgos es esperar a que ocurra una tragedia anunciada.








