Más de 20 millones de peruanos atrapados en la pobreza o al borde de ella.
Pobreza en Perú. En medio de discursos oficiales que celebran la salida de 386 mil personas de la pobreza durante el último año, un análisis reciente de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) revela una verdad incómoda: la pobreza sigue afectando a casi 9.4 millones de peruanos, el 27.6% de la población. Y aún más alarmante, cerca de 11 millones viven en condición de vulnerabilidad económica. En total, seis de cada diez peruanos enfrentan una realidad marcada por la incertidumbre, la precariedad y la falta de oportunidades reales.
Pobreza en Perú: Un rebote, no una recuperación
REDES explica que la leve mejora de 2024 no responde a una recuperación sostenida. Se trata, en cambio, de un “efecto rebote” tras el golpe económico de 2023. “La situación actual sigue siendo peor que en 2022 y mucho más grave que antes de la pandemia”, advierte César García, economista de la organización. Si el país mantiene este ritmo, podría tardar hasta dos décadas en volver a los niveles de pobreza de 2019, cuando el índice era del 20%.
Este estancamiento responde, en gran parte, a que los ingresos han crecido de forma marginal y no logran cubrir el aumento del costo de vida. Para sobrevivir en el Perú de hoy, una familia necesita al menos S/ 1,816 mensuales. Aquellos que no alcanzan ese umbral viven en pobreza. Y para quienes viven en pobreza extrema —alrededor de 1.8 millones de peruanos— cubrir una canasta mínima de alimentos (S/ 1,024) resulta casi imposible.
Pobreza en Perú: Empleo informal, un freno estructural
El talón de Aquiles en la lucha contra la pobreza sigue siendo el empleo. El 98% de quienes viven en pobreza extrema trabajan en el sector informal, sin acceso a seguridad social, estabilidad ni ingresos dignos. Esta realidad golpea con más fuerza a las zonas urbanas, donde la demanda por empleos de calidad crece sin encontrar respuestas desde la política pública.
REDES propone fomentar la inversión privada en sectores con alto potencial, como la agricultura y el turismo rural. Sin embargo, para atraer capitales se necesita estabilidad política, reglas claras y confianza empresarial. “Sin empleo formal y bien remunerado, reducir la pobreza será prácticamente imposible”, sostiene García.
Brechas críticas en regiones olvidadas
La pobreza no afecta por igual a todas las regiones. Cajamarca y Loreto lideran los índices de pobreza, con el 45% y 43% de sus poblaciones en situación crítica, respectivamente. La situación empeora en la sierra y selva rural, donde más del 40% de los habitantes vive en condiciones de pobreza. En estos territorios, el acceso a servicios básicos como agua segura e internet es extremadamente limitado, lo que perpetúa el círculo de exclusión.
Urge una estrategia territorial
REDES enfatiza que el país necesita una estrategia nacional enfocada en cerrar brechas estructurales, con intervenciones diferenciadas según cada región. Las políticas deben priorizar territorios como Cajamarca, Loreto, Puno y Pasco, donde la pobreza tiene raíces históricas y estructurales.
“La pobreza no se combate solo con dinero, sino con planificación, coordinación público-privada y una mirada estratégica del desarrollo”, concluye García.
La pobreza no ha retrocedido; apenas ha dado un respiro. Y mientras millones de peruanos sigan caminando sobre la cuerda floja de la informalidad y la precariedad, no habrá progreso que celebrar, solo deuda social que saldar.