«No salimos a trabajar para morir»: el grito de los transportistas.
Terror sobre ruedas. Este lunes, el rugido de los motores se apagó en señal de protesta. Miles de transportistas paralizaron sus unidades en Lima y Callao para exigir algo que debería ser un derecho básico: seguridad para vivir y trabajar. Bajo la consigna «¡Basta de extorsión y muertes!», los gremios del transporte urbano salieron a las calles con un mensaje claro al gobierno de Dina Boluarte: no se puede seguir conduciendo con miedo.
El paro fue contundente. Desde tempranas horas, avenidas clave como la Venezuela, Faucett, Túpac Amaru y la Panamericana Norte lucieron semivacías. No fue solo un acto simbólico; fue una advertencia.
Los manifestantes denunciaron que, solo en lo que va del año, bandas criminales asesinaron a 18 conductores y siguen operando con total impunidad, exigiendo “cupos” a cambio de permitirles trabajar en sus rutas. Las amenazas son directas, los atentados con granadas ya no sorprenden, y las muertes se han vuelto parte del paisaje.
Gremios al límite: “Nos cobran por vivir” claman transportistas en paro
La situación ha escalado tanto que algunas mafias les exigen a los choferes hasta S/ 1,000 mensuales para no molestarlos. Las mafias operan a vista y paciencia de las autoridades. «Nos matan por trabajar. No es justo. Necesitamos garantías ya», declaró uno de los dirigentes de la Asociación Nacional de Integración de Transportistas. El mensaje no es solo al Ejecutivo, sino también a la Policía Nacional y al Ministerio del Interior, a quienes acusan de inacción o complicidad.
Gobierno de Dina Boluarte responde con tibieza ante el terror sobre ruedas
El gobierno ha respondido con tibieza. La presidenta Boluarte aún no se ha pronunciado directamente, y el ministro del Interior apenas ha prometido operativos focalizados. Mientras tanto, los sindicatos advierten que si no hay una respuesta concreta, las medidas se radicalizarán.
Este paro no solo visibiliza la crisis del transporte, sino también el avance del crimen organizado en el país. Cuando un chofer no sabe si regresará con vida a su casa, es decir, es el terror sobre ruedas, no estamos hablando de un problema sectorial, sino de un Estado que ha perdido el control.
En un país donde moverse es sinónimo de riesgo, los transportistas han hecho algo más que detener sus vehículos: han puesto en marcha un reclamo que interpela a toda la sociedad. Porque, al final del día, si ellos no pueden trabajar en paz, nadie puede vivir en paz.