Azúcares y grasas: una sobrecarga silenciosa.
Los excesos navideños digestivos representan un riesgo real para la salud durante las celebraciones de Navidad y Año Nuevo. El consumo repetido de panetón, chocolates, bebidas alcohólicas y cenas abundantes puede alterar el sistema digestivo y comprometer el hígado, advirtió el médico gastroenterólogo Ismael García Lévano, del Hospital María Auxiliadora, del Ministerio de Salud (Minsa).
El especialista explicó que la ingesta constante de azúcares y grasas sobrecarga el estómago, incrementa la producción de ácido gástrico y enlentece la digestión. Estas alteraciones suelen confundirse con simples indigestiones, cuando en realidad anuncian un problema digestivo en desarrollo. El cuerpo no logra procesar grandes volúmenes de comida concentrados en pocas horas, especialmente durante la noche.
Hígado graso y gastritis: enfermedades que avanzan sin avisar
Uno de los mayores riesgos se relaciona con el hígado graso, una enfermedad frecuente en el país que avanza sin síntomas evidentes. Muchas personas descubren esta condición de forma tardía, cuando una ecografía abdominal revela acumulación de grasa que ya afecta la función hepática. El alcohol, las grasas y los azúcares aceleran este proceso y favorecen el reflujo gastroesofágico y la sensación constante de pesadez.
Cómo celebrar sin dañar el sistema digestivo
Durante las cenas festivas, el médico recomendó elegir carnes magras como pollo o pavo sin piel, acompañadas de porciones moderadas de carbohidratos y grasas saludables. También advirtió que ayunos prolongados no compensan los excesos y pueden agravar el desequilibrio digestivo.
En estas fechas, la gastritis aparece con mayor frecuencia debido al abuso de condimentos, dulces y alcohol. Dolor intenso, dificultad para tragar, sangrado digestivo o pérdida de peso requieren atención médica inmediata.
Disfrutar las fiestas con moderación protege la salud a largo plazo. Reducir los excesos navideños digestivos, escuchar al cuerpo y consultar a un especialista ante molestias persistentes puede marcar la diferencia. Celebrar con equilibrio también es una forma de cuidarse.