Luto en Lacabamba: Pedro Matta Meléndez recibe homenaje final con aroma a pueblo.
Las campanas de Lacabamba repicaron con fuerza este domingo. El pueblo entero se reunió para despedir a su alcalde, Pedro Matta Meléndez, en un entierro cargado de emoción, respeto y gratitud. La plaza principal y las calles del distrito se llenaron de vecinos, autoridades y delegaciones de caseríos cercanos, todos con un solo propósito: rendir homenaje a quien entregó su vida al servicio de la comunidad.
La noticia de su trágico fallecimiento en un accidente vial conmocionó a Pallasca. Pero más allá del dolor, su partida despertó una ola de reconocimiento a su gestión cercana, sus obras ejecutadas y su trato humano. El féretro llegó cubierto con la bandera de la Municipalidad de Lacabamba y fue recibido con aplausos, cánticos religiosos y flores en cada esquina del recorrido.
El entierro del alcalde Pedro Matta Meléndez no fue un acto protocolar. Fue una manifestación popular. Vecinos de todas las edades caminaron junto al cortejo fúnebre, algunos con pancartas de agradecimiento, otros en silencio, pero con lágrimas sinceras. Autoridades locales y regionales también estuvieron presentes para acompañar a la familia y rendir tributo a quien supo ganarse el cariño del pueblo.
Durante la misa, se escucharon palabras que reflejaron el sentir colectivo. “Pedro no se fue, se queda en cada obra, en cada gesto de justicia, en cada decisión que tomó pensando en su gente”, dijo uno de los dirigentes comunales. El sacerdote pidió recordar su legado con unidad y continuar trabajando por el desarrollo que tanto impulsó.
La comunidad destacó su estilo de liderazgo: directo, honesto y con los pies en la tierra. Pedro Matta no se escondía en una oficina. Caminaba, saludaba, escuchaba. Su capacidad de conectar con la población marcó la diferencia en una gestión pública que buscaba resolver problemas reales con recursos limitados pero con voluntad inquebrantable.
El entierro del alcalde Pedro Matta deja una huella imborrable en Lacabamba y en la memoria colectiva de Pallasca. No solo por la magnitud del acto, sino por lo que representa: el reconocimiento a un líder que trabajó sin descanso, que murió en funciones y que se ganó el respeto más allá de las diferencias políticas.
Hoy Lacabamba está de luto, pero también está unida. Y en esa unión, Pedro Matta vive.