Una niña de apenas 11 años logró romper el silencio y denunciar a su propia madre, quien la obligaba a mantener relaciones sexuales con un adulto a cambio de dinero. El caso estremeció a la ciudad de Casma, en Áncash, y expuso una realidad dolorosa: la prostitución infantil sigue ocurriendo en el Perú.
Gabriela Angélica Romero Rodríguez, de 32 años, fue capturada por la Policía Nacional en un operativo nocturno en la avenida Boulevard. La menor, víctima de reiterados abusos, decidió acudir a las autoridades tras años de maltrato. La investigación reveló que la madre ofrecía a su hija a Pablo César Orencio Japa, de 42 años, quien la violó en múltiples ocasiones.
La mujer tenía una orden de captura vigente por el expediente 619-2023 del juzgado penal de investigación preparatoria de Casma. Su detención representa un paso importante en la lucha contra la explotación sexual infantil, pero también deja al descubierto la necesidad urgente de reforzar los mecanismos de protección para menores en situación de riesgo.
Prostitución infantil. Este caso no solo exige justicia, sino también reflexión. La valentía de una niña permitió desmantelar un ciclo de abuso que operaba en silencio. Ahora, corresponde a la sociedad y al Estado garantizar que nunca más una infancia sea vendida, silenciada o ignorada. La protección de los menores debe ser prioridad, y cada denuncia, una oportunidad para salvar vidas.