Éxodo silencioso en Pallasca: cada vez menos personas eligen quedarse.
Descenso poblacional en Pallasca. La provincia ancashina de Pallasca se enfrenta a un futuro preocupante. Según las proyecciones del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI), para el año 2025 la población caerá a 26,434 habitantes, una cifra que representa una de las más bajas en la región Áncash.
Este descenso no es un hecho aislado, sino parte de una tendencia migratoria constante. Desde hace más de dos décadas, miles de jóvenes y familias han abandonado sus comunidades en busca de oportunidades en la costa o en el extranjero. Las razones son múltiples: falta de empleo, servicios básicos deficientes y un modelo económico que margina a las zonas rurales.
A nivel regional, el panorama también muestra signos de preocupación. El INEI estima que Áncash perderá más de 18 mil habitantes en solo dos años, pasando de 1 millón 217 mil en 2023 a 1 millón 199 mil en 2025. Esta disminución demográfica afecta no solo a Pallasca, sino también a otras provincias altoandinas como Huari, Antonio Raimondi y Corongo.
En contraste, las provincias costeras como Santa, Casma y Huarmey experimentan un crecimiento poblacional. La migración interna parece consolidarse como una respuesta a la centralización de servicios y al dinamismo económico que ofrece la costa, en comparación con la precariedad persistente en los Andes.
Descenso poblacional en Pallasca es sostenida desde el año 2017
La tendencia en Pallasca refleja un desequilibrio estructural que el Estado aún no corrige. Mientras los programas de reactivación económica llegan tarde o de forma limitada, las comunidades ven cómo sus escuelas se vacían, los centros de salud pierden personal y la agricultura pierde vigor ante la falta de inversión.
Detrás de estas cifras hay historias de abandono, esperanza frustrada y decisiones forzadas. Jóvenes que migran para estudiar y no regresan. Adultos mayores que resisten solos en pueblos cada vez más desiertos.
La pérdida demográfica no solo reduce el número de habitantes: también erosiona la identidad cultural, las tradiciones locales y la posibilidad de desarrollo sostenible.
Si el gobierno no toma medidas urgentes, como descentralizar oportunidades, invertir en conectividad y fomentar la economía local, Pallasca corre el riesgo de convertirse en una provincia fantasma. El tiempo apremia, y la voz de sus comunidades exige ser escuchada antes de que sea demasiado tarde.