Boluarte anuncia cárcel en El Frontón.
La presidenta Dina Boluarte volvió a desempolvar un viejo libreto: la construcción de una cárcel en El Frontón, en el Callao. Anunció que el penal tendría capacidad para 2,000 reos de alta peligrosidad y más de 57,000 metros cuadrados para “aislamiento efectivo y vigilancia permanente”.
El discurso suena firme, pero la realidad recuerda que cada vez que sube la ola de inseguridad, El Frontón reaparece como promesa mágica para calmar la indignación ciudadana.
Obstáculos logísticos y altos costos
El exjefe del INPE, Wilfredo Pedraza, explicó que la isla enfrenta un obstáculo insalvable: su inviabilidad logística. Sin agua, sin luz y con costos altísimos de transporte y mantenimiento, la propuesta se convierte en una quimera carísima.
“El ministro Juan José Santiváñez sabe que no harán nada, es un juego político para vender mano dura”, ironizó Pedraza.
Un presupuesto que multiplica dudas
Las cifras no perdonan. Javier Llaque, también exjefe del INPE, recordó que reabrir El Frontón demandaría S/5,000 millones. Con esa suma podrían construirse diez penales de S/500 millones cada uno, con capacidad para 4,000 internos cada uno. Es decir: con el precio de una promesa se podrían levantar soluciones concretas y más eficientes.
El exministro de Economía David Tuesta coincidió en que el proyecto “parece un acto efectista”. Traducido: un espectáculo político que busca distraer a una ciudadanía cansada de la inseguridad y de la ineficacia del Gobierno.
Un pasado sangriento, un presente político
El Frontón arrastra una memoria dolorosa en la historia peruana. Hoy resurge como escenario de propaganda más que como solución real. La presidenta intenta vender mano dura, pero lo que ofrece es un proyecto que flota en el show y no en la realidad.
Una cárcel imaginaria
Al final, el anuncio se percibe como una cortina de humo más: una cárcel ficticia en medio del mar para encerrar las críticas, no a los criminales.