Salir adelante.

Testimonio políticamente incorrecto sobre la UCV.

seguir-adelante-UCVAhora que se están devolviendo algunos honoris causa que se entregaron, parece que como cancha, en la Universidad César Vallejo (UCV), quiero ofrecer este testimonio personal sobre mi paso como profesor de ese centro de estudios que seguramente será políticamente incorrecto e inoportuno.

No tengo honoris causa por devolver sino, por el contrario, una experiencia por agradecer a partir de la oportunidad de haber enseñado un par de años en su facultad de ciencias de la comunicación por la invitación de su decano Dennis Vargas Marín.

No era sencillo dar esas clases pues llegar a la sede de la UCV de Los Olivos, cerca del cruce de la Panamericana con la Av. Universitaria, todos los miércoles, implicaba un viaje de casi dos horas debido a la obra que entonces se realizaba en esa zona.

Una tortura que, sin embargo, se transformaba en experiencia gratificante cuando, entre 6 y 10 de la noche, dictaba unas charlas sobre periodismo a unos cuarenta alumnos que escuchaban con gran atención y participaban con enorme entusiasmo, y con quienes luego veíamos una película, también sobre periodismo, que después discutíamos.

Dicho entusiasmo se expresaba en un cumplimiento estricto de todas las lecturas y tareas que les encomendaba.

Al término de la clase, a eso de las 10 de la noche, varios alumnos se iban a trabajar en el turno de noche en algún medio de comunicación.

Escribo esta columna políticamente incorrecta, y seguramente inoportuna, porque en estos días en que se han planteado acusaciones legítimas sobre plagios académicos del fundador de la UCV –que esta columna ha lamentado desde que se revelaron– y por los que él deberá responder, se han generado burlas contra sus alumnos, incluso por parte de personas que ni han acabado estudios universitarios.

He pensado mucho en esos alumnos entusiastas entre los que no vi a nadie de ‘una raza distinta’ ni muchachos plagiando, sino a chicos y chicas dispuestos a romperse el lomo para salir adelante en la vida; y, también, en sus padres que hicieron el sacrificio de enviarlos a la universidad, en familias en las que quizá sus hijos eran los primeros que accedían a educación de ese nivel.

La UCV no es, evidentemente, la mejor universidad del país. Sé de lo que hablo. He tenido la suerte de estudiar en la Universidad del Pacífico –donde obtuve un Cum Laude–, una maestría en Harvard, y tomado cursos en lugares como Stanford, Northwestern o Manchester.

Pero ahí también aprendí que las ganas de salir adelante en la vida, peleando día a día, ayudan mucho a ser una buena persona y profesional, al margen de dónde hayas estudiado. (TEXTOS: Augusto Álvarez Rodrich)

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