Ancash: Una sociedad civil sin vida

El triste rótulo de marasmo que lleva como distintivo principal nuestra sociedad civil, es la clara y vergonzosa explicación a nuestro atraso regional que nos cuesta aceptar, y que tratamos de ocultarla, culpando a los gobernantes de turno o detrás de un odio infundado hacia nuestra región vecina, cuando la razón nos induce, más bien, a imitar su actitud responsable y muy bien organizada.

Ocurre, por ejemplo, con las 140,000 hectáreas de CHAVIMOCHIC cubiertas de verdor por el envidiable impulso de su gente y por la inminente ejecución de su tercera etapa, con su presidente regional, alcaldes, congresistas y toda su sociedad civil unidos y comprometidos en ese objetivo; mientras que en Ancash las tierras de CHINECAS han sido descuartizadas por acciones populistas de un irresponsable presidente regional que las ha cedido para viviendas de sus “comandos”, fomentando invasiones ilegales y propiciando una caótica y desordenada expansión urbana.

Nos hemos convertido en simples guardianes de las aguas del río Santa, entretenidos en discusiones bizantinas y sin avances concretos en el proyecto CHINECAS, mientras que Trujillo ha sabido sacarle provecho, potabilizándolas en beneficio de su población.

Aprovechando la caída de sus aguas, se ha logrado generar la energía eléctrica que DISTRILUZ, a través de HIDRANDINA, nos la brinda, y cada ancashino contribuye en el embellecimiento de las calles trujillanas, porque el 2% del IGV que paga en cada recibo de consumo, se queda en la municipalidad de esa ciudad por ser el domicilio fiscal de HIDRANDINA. Hemos permitido, además, que se desactiven las gerencias de HIDRANDINA en Ancash y que se trasladen las principales decisiones a Trujillo en donde se ha instalado la gerencia general, dejando solo jefaturas y unidades de negocios en Huaraz y Chimbote, ahora convertidas en simples ventanillas de pago.

Estos son solo algunos ejemplos que grafican la total indiferencia de nuestra sociedad civil, inadmisible en ciudades con identidad y regionalismo como Arequipa, lo que nos demuestra que no es casual su desarrollo alcanzado.

La falta de representatividad en Ancash es fatal, porque no existe el contrapeso que en toda convivencia democrática se precisa, para que los pueblos puedan fiscalizar a sus gobiernos, proponerles iniciativas y frenar sus excesos. Indigna ver, además, una vitrina electoral poblada de oportunistas y conocidos ex funcionarios de oscuro pasado, ofreciendo el oro y el moro detrás del voto, y los mismos que, luego de las elecciones, desaparecerán con la misma facilidad que engatusan en sus discursos de campaña. Necesitamos verdaderos líderes en nuestra sociedad civil y nuevos cuadros políticos. Urgente.

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